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Diferencias sexuales más allá de lo políticamente correcto

El texto “Everything You Wanted to Know About Sex Differences but Were Too PC to Ask” funciona como carta de presentación de un libro que promete incomodar. 


En este primer extracto, el psicólogo evolutivo Steve Stewart-Williams adelanta las tesis centrales de A Billion Years of Sex Differences, una obra que se anuncia como un recorrido ambicioso por las diferencias entre hombres y mujeres, justo en un momento en el que hablar de ellas suele encender alarmas culturales y políticas.

Stewart-Williams plantea su libro como una síntesis de décadas de debates sobre cómo difieren hombres y mujeres, de dónde provienen esas diferencias y qué implicaciones tienen para la vida contemporánea. Se presenta como una mirada “equilibrada” y “actualizada” de la evidencia científica disponible, que va desde el cortejo y la crianza hasta las brechas laborales, la salud mental y la política de la igualdad. La apuesta es clara: sacar el tema de la trinchera ideológica y devolverlo al terreno de la investigación empírica, sin dejar de lado su carga social y moral.

En este primer adelanto, el autor introduce lo que llama las “diferencias estándar de serie” entre los sexos: patrones que se repiten de forma robusta en muchas culturas, como ciertas orientaciones hacia personas u objetos, o diferencias promedio en agresividad, interés sexual y elecciones ocupacionales. Su tesis no es que los estereotipos sean siempre correctos, sino que muchos contienen un núcleo de verdad estadística que no desaparece, incluso cuando cambian las normas de género o se impulsa la igualdad formal. La batalla no es contra los datos, dice, sino contra su lectura apresurada o dogmática.

Una parte central del capítulo está dedicada a reformular el clásico dilema naturaleza vs. crianza. Para Stewart-Williams, la pregunta no es si un rasgo es biológico o cultural, sino en qué medida y de qué manera se combinan ambas dimensiones. Propone pensar la socialización y la evolución como capas que interactúan, no como explicaciones excluyentes. Este enfoque dialoga de lleno con los debates contemporáneos sobre género, donde muchos discursos políticos tienden a sospechar de cualquier apelación a la biología, al verla como antesala de la discriminación o el determinismo.

El libro sugiere, con tono deliberadamente provocador, que algunas diferencias sexuales podrían ser indicadoras de sociedades más libres, no menos justas. Si, una vez eliminadas las barreras formales y los prejuicios evidentes, hombres y mujeres siguen tomando decisiones distintas en promedio, la interpretación no tendría por qué ser automáticamente la de una opresión invisible, sino la de preferencias divergentes influidas por una historia evolutiva compartida. La línea es incómoda porque interpela políticas públicas, cuotas y narrativas igualitaristas que parten del supuesto de que la ausencia de diferencias es el único horizonte deseable.

Desde el punto de vista del discurso público, este adelanto anticipa el tipo de fuego cruzado que recibirá el libro. Por un lado, ofrece munición a quienes niegan de plano la importancia de las estructuras sociales en la producción de desigualdades; por otro, desafía a quienes reducen toda diferencia a construcción cultural. El propio Stewart-Williams insiste en evitar extremos: ni inflar las diferencias hasta justificar jerarquías rígidas, ni borrarlas en nombre de un ideal abstracto de igualdad. Pero en un ecosistema mediático polarizado, esa matización corre el riesgo de perderse entre lecturas interesadas.

Resulta significativo que este contenido circule primero en Substack, y no en una revista académica tradicional. El formato de newsletter largo y argumentado permite un contacto directo con una audiencia que ya está interesada en temas de naturaleza humana, psicología evolutiva y controversias culturales. Sin embargo, también favorece la creación de comunidades relativamente homogéneas, donde las ideas se refuerzan más de lo que se discuten con críticos externos. El autor, de hecho, invita a sus lectores a “descargar” en sus cerebros lo que él ha ido acumulando en el suyo durante un cuarto de siglo de trabajo en el tema.

Para lectores y lectoras preocupados por la igualdad de género, esta clase de libros plantea un reto doble. Por un lado, exige tomarse en serio la evidencia científica sobre diferencias sexuales sin saltar automáticamente al rechazo político; por otro, obliga a vigilar cómo se utilizan esos hallazgos en el debate público, quién los cita y con qué agenda. Entre la negación de los datos y su uso como coartada para mantener privilegios hay un espacio crítico donde medios culturales como POSTEA pueden, precisamente, abrir conversación, interrogar la retórica y disputar el sentido de lo que llamamos “naturaleza”.

Fuente: Steve Stewart-Williams, “Everything You Wanted to Know About Sex Differences but Were Too PC to Ask”, primer extracto de su libro A Billion Years of Sex Differences: How Evolution Shaped the Minds of Men and Women, The Nature-Nurture-Nietzsche Newsletter, 5 de noviembre de 2025.

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