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Ansiedad climática: el malestar psicológico que crece entre los jóvenes del mundo y que todavía no tiene nombre clínico oficial




Existe una palabra relativamente nueva que describe un malestar cada vez más nombrado por jóvenes de todo el mundo: ecoansiedad, o ansiedad climática. No es, por ahora, un diagnóstico psiquiátrico formal —no figura como categoría independiente en los principales manuales clínicos—, pero la evidencia acumulada sobre su alcance y su impacto real en el bienestar de millones de personas ha llevado a especialistas en salud mental a tomarla cada vez más en serio como fenómeno psicosocial genuino.

Una investigación realizada en el Reino Unido con niños y adolescentes de entre 8 y 16 años encontró que 73% afirma estar preocupado por el estado del planeta, 41% no confía en que los adultos y los gobiernos estén respondiendo adecuadamente a la crisis climática, y 19% reporta haber tenido pesadillas relacionadas específicamente con el cambio climático. Un análisis reciente sobre carga global de enfermedad en adolescentes y adultos jóvenes incluye explícitamente la ansiedad relacionada con el cambio climático entre los factores que contribuyen al incremento sostenido del malestar psicológico en esa franja etaria, junto con la presión académica, el ciberacoso y la inestabilidad socioeconómica.

Especialistas distinguen la ecoansiedad de un trastorno de ansiedad clínico convencional: en la mayoría de los casos documentados, los niveles se ubican en rangos que, aunque genuinamente incómodos, no requieren intervención psicológica especializada, y algunos investigadores prefieren enmarcarla como una respuesta emocional racional ante una amenaza real, más que como una patología individual a corregir. La psicoterapeuta Caroline Hickman, de la Universidad de Bath —una de las investigadoras que más ha estudiado el fenómeno a escala internacional—, junto con el psicólogo clínico filipino John Jamir Benzon Aruta, documentan además un concepto relacionado pero distinto: el "duelo ecológico", la respuesta emocional de tristeza ante la pérdida ya consumada de ecosistemas y formas de vida, diferenciada de la ansiedad, que se orienta hacia una amenaza futura.

El propio análisis académico advierte que la ansiedad climática "no solo es un fenómeno individual, sino que también refleja una falla en la acción colectiva": a diferencia de otras formas de ansiedad, cuya intervención suele centrarse en la persona, la ecoansiedad plantea un desafío distinto, porque su causa raíz —la crisis climática misma— excede por completo la capacidad de acción de cualquier individuo. Por eso las estrategias de afrontamiento que recomiendan especialistas combinan herramientas tradicionales de regulación emocional —centrarse en el presente, procesar la incertidumbre sin negarla— con un componente colectivo que rara vez aparece en otros abordajes clínicos: canalizar la angustia hacia la acción comunitaria y climática organizada, en lugar de intentar simplemente "curar" una preocupación que, en el fondo, refleja una lectura precisa y racional del estado real del planeta.

Fuentes: Atención Primaria (Elsevier), Infocop, Ámbito.com, Psiquiatría Biológica (Elsevier), UNICEF (Portal sobre crianza).

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