About Me

header ads

"Estoy bien, jaja, no": el "sadfishing" y la delgada línea entre pedir ayuda y pescar atención



El término "sadfishing" fue acuñado en 2019 por la periodista británica Rebecca Reid, a propósito de un episodio protagonizado por la celebridad Kendall Jenner, para describir un patrón específico de comportamiento en redes sociales: publicar contenido que exagera o dramatiza deliberadamente un estado emocional negativo —tristeza, crisis, sufrimiento— con el objetivo principal, consciente o no, de generar una ola de comentarios de apoyo, preocupación y validación pública, en un juego de palabras que combina "sad" (triste) con "catfishing" (el engaño de hacerse pasar por alguien distinto en línea).


El fenómeno plantea una tensión genuinamente difícil de resolver para cualquier observador, incluidos los propios especialistas en salud mental que lo estudian: distinguir, desde afuera, entre una expresión auténtica y necesaria de sufrimiento emocional real —que merece respuesta empática y apoyo genuino— y una performance calculada de angustia diseñada principalmente para maximizar la reacción de la audiencia, es una distinción que ni siquiera la persona que publica el contenido puede siempre trazar con claridad respecto a sus propias motivaciones, dado que ambos impulsos —la necesidad genuina de conexión y validación, y el cálculo más consciente sobre qué tipo de contenido genera mayor respuesta— pueden coexistir sin contradicción evidente en la misma publicación.


Especialistas citados en análisis sobre el fenómeno señalan un riesgo estructural que trasciende los casos individuales: cuando el contenido emocionalmente dramático se vuelve un patrón recurrente y la audiencia comienza a percibirlo como estrategia de atención más que como expresión genuina, se produce un efecto de desgaste similar al de la fábula del pastor que gritaba lobo, en el que las señales de auxilio genuinas de esa misma persona —o de otros usuarios en general, por asociación cultural con el fenómeno— corren el riesgo de recibir menor credibilidad y respuesta empática precisamente en los momentos en que una intervención real de apoyo resultaría más necesaria, una consecuencia particularmente preocupante en el contexto de plataformas donde señales genuinas de crisis emocional sí requieren atención seria.


El fenómeno adquiere una dimensión adicional cuando se considera el diseño algorítmico de las propias plataformas: contenido emocionalmente intenso —ya sea genuino o performativo— tiende a generar mayor interacción medible (comentarios, tiempo de permanencia, compartidos) que contenido emocionalmente neutro, lo que significa que los sistemas de recomendación de las plataformas recompensan de forma sistemática, con mayor visibilidad algorítmica, precisamente el tipo de contenido que el fenómeno del sadfishing describe, generando un incentivo estructural hacia la dramatización emocional que opera independientemente de la intención consciente de cualquier usuario individual.


Lo que el debate sobre el sadfishing revela, más allá del comportamiento individual que describe, es la dificultad creciente de las plataformas digitales para sostener simultáneamente dos funciones que resultan, en la práctica, difíciles de conciliar: servir como espacio legítimo donde las personas puedan expresar genuinamente sufrimiento emocional y encontrar apoyo comunitario real, y al mismo tiempo evitar que esa misma expresión de vulnerabilidad se convierta, por el propio diseño de incentivos de atención que estructura las plataformas, en una estrategia de validación social que termina, paradójicamente, dificultando distinguir cuándo una señal de auxilio merece la respuesta seria que una crisis emocional genuina requiere.


Fuentes: The Conversation ("Sadfishing: exhibir el sufrimiento en las redes sociales para buscar compasión"), Psicología y Mente (Sadfishing: qué es y cómo se plasma en redes sociales), Hola.com (Qué es el sadfishing), SientoSalud (Sadfishing: su relación con la depresión). 

Publicar un comentario

0 Comentarios