Pocas frases se han repetido tanto en el debate público reciente como "epidemia de soledad masculina": la idea de que los hombres, especialmente los jóvenes, están hoy más aislados, tienen menos amigos cercanos y se sienten más desorientados emocionalmente que generaciones anteriores. Los datos que sostienen esa narrativa son reales, pero la imagen completa es más matizada de lo que sugiere el eslogan.
La evidencia de una "recesión de la amistad" masculina proviene principalmente de Estados Unidos: según el Survey Center on American Life, el porcentaje de hombres estadounidenses sin ningún amigo cercano pasó de 3% a 15% en tres décadas —una multiplicación por cinco—, mientras cayó de forma pronunciada la proporción de quienes reportan tener seis o más amigos íntimos. El fenómeno tiene, además, un componente cualitativo: los hombres dependen menos de sus amigos en momentos difíciles que las mujeres, y reportan con menor frecuencia haber recibido consuelo o consejo personal de un amigo en la semana anterior. El antropólogo evolutivo Robin Dunbar atribuye parte de esta dificultad a que las amistades masculinas tienden a construirse alrededor de actividades compartidas —el trabajo, el deporte, un pasatiempo— más que de la apertura emocional directa que caracteriza a muchas amistades femeninas, un patrón que investigadores como Niobe Way vinculan con normas culturales de masculinidad que penalizan la vulnerabilidad desde la infancia.
Sin embargo, un análisis publicado por el medio Le Grand Continent en julio de 2026 introduce un matiz importante que rara vez acompaña a los titulares más alarmistas: un estudio de Gallup de 2025 encontró que, en la mayoría de los países de la OCDE, los hombres jóvenes no reportan niveles de soledad significativamente superiores al promedio nacional, con Estados Unidos como la principal excepción. Un informe de la OCDE sobre 22 países de la Unión Europea encontró que apenas 8% de la población no tiene ningún amigo cercano, sin diferencias notables entre hombres y mujeres. La conclusión de ese análisis no es que la soledad masculina sea un mito, sino que lo distintivo no es necesariamente su intensidad, sino la fragilidad estructural de sus formas de conexión: el sociólogo italiano Manolo Farci describe la amistad masculina típica como una relación "hombro con hombro" —construida en paralelo, haciendo algo juntos— frente a la amistad "cara a cara" más habitual entre mujeres, y esa diferencia de formato, más que de cantidad, podría explicar por qué la desconexión golpea con más fuerza cuando el trabajo, la pareja o la paternidad absorben el tiempo antes dedicado a esas actividades compartidas.
El debate tiene, además, una dimensión política que lo vuelve especialmente sensible: figuras de la manosfera han usado esta narrativa de crisis para posicionar al feminismo como causa del malestar masculino, una interpretación que la evidencia académica no respalda directamente. Frente a ese uso instrumental, especialistas como Aubrey Hirsch insisten en que el origen del problema no está en los avances de las mujeres, sino en normas de masculinidad tradicional —estoicismo, autosuficiencia emocional— que hoy chocan con una economía y una organización social donde esos terceros espacios de socialización (el bar del barrio, el club, la liga amateur) se han reducido drásticamente para todos, hombres y mujeres por igual.
Fuentes: Le Grand Continent, Infobae, Bubblic, La Cadera De Eva, Psychologie et Sérénité.

0 Comentarios