El estrecho de Ormuz dejó de ser solamente una ruta marítima para convertirse en el centro de una peligrosa disputa por el poder mundial. Irán busca que se reconozca su autoridad permanente sobre el paso, incluyendo la posibilidad de regular el tránsito de embarcaciones y cobrar tarifas a los buques que transportan petróleo y mercancías por la zona.
La exigencia iraní surge después del acuerdo provisional alcanzado con Estados Unidos para detener las hostilidades y reactivar gradualmente la navegación. El entendimiento establece un periodo de 60 días sin cobros, mientras representantes de ambos países mantienen conversaciones técnicas indirectas en Qatar para intentar construir una solución permanente.
Washington sostiene que Ormuz es una vía internacional y rechaza que un solo país pueda decidir qué embarcaciones circulan o cuánto deben pagar. Teherán, por el contrario, considera que su posición geográfica y su capacidad militar le otorgan el derecho de administrar el estrecho, incluso mediante el uso de la fuerza si sus condiciones no son reconocidas.
Lo que está en juego rebasa por completo a Irán y Estados Unidos. Durante la primera mitad de 2025 circularon por Ormuz aproximadamente 20.9 millones de barriles diarios de petróleo y otros líquidos, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial. Las rutas terrestres disponibles solamente podrían reemplazar una fracción de ese volumen.
Una nueva interrupción elevaría los costos del transporte, los seguros marítimos y los energéticos. Aunque la Administración de Información Energética estadounidense considera que una menor demanda podría contener parcialmente los precios, advierte que el mercado permanece en una etapa de elevada volatilidad e incertidumbre.
La disputa también está obligando a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otras potencias del Golfo a replantear su dependencia de Estados Unidos y acelerar la construcción de oleoductos y rutas que eviten las aguas controladas por Irán. Quien domine Ormuz tendrá una herramienta directa de presión sobre Asia, Europa y las economías consumidoras de petróleo.
Teherán intenta transformar su capacidad para bloquear el estrecho en una victoria política y económica. Estados Unidos, en cambio, enfrenta el dilema de aceptar parcialmente las condiciones iraníes o arriesgarse a una nueva operación militar con consecuencias imprevisibles para toda la región.
Ormuz se ha convertido así en el punto donde convergen petróleo, poder naval y diplomacia. Una sola embarcación atacada, una negociación rota o una orden militar equivocada podrían reactivar el conflicto y enviar sus efectos desde el Golfo Pérsico hasta las gasolineras y mercados del resto del mundo.
Fuentes: Reuters, Administración de Información Energética de Estados Unidos y reportes oficiales sobre las negociaciones entre Washington y Teherán.


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